La oscura mancha vertida por los infiernos lo
cambio todo. Nadie la vio, nadie se dio cuenta hasta que fue demasiado
tarde... el veneno había sido vertido de manera y forma que ningún
remedio podría pararlo, Nuestro corazón sirve para tener miedo en
la misma proporción que para amar y solo algunos consiguen dominar
uno o otro.
Una abertura en Zac-Rahim, un lugar oscuro y apartado, muy bien
elegido, donde nadie se daría cuanta de lo que estaba a punto de
ocurrir. Allí se abrió la siniestra grieta por la que brotó el oscuro
y apestoso hedor de los profundos infiernos de Ckerruhj, donde nadie
ha tenido el valor de adentrarse. Un hedor tan fuerte e irrespirable
que nadie ni nada lo podría soportar, así aseguraron una discreta
incursión en la superficie.
En primer lugar la grieta dejo salir a los vástagos de más baja
ralea, seres de reducido tamaño preparados para el primer contacto
con el aire puro de la superficie, que al parecer tanto temían;
eficaces exploradores cuya única misión era obtener la máxima y
precisa información de la superficie y pobladores sin ser vistos.
Información con la que asegurar el siguiente paso, tras el cual
todo cambiaria para siempre. No paso mucho tiempo cuando enviaron
la segunda incursión, el llamado “veneno de fundación” que en negrecia
tras cada paso el suelo que pisaba, la ponzoña de las oscuras profundidades,
Dhessaj el emisario del mal. El ser encargado de verter el oscuro
veneno entre nosotros. Su oscura mirada teñía de negro la sangre
de los que lo miraban, la razón se hacía impotente en ellos promulgando
el siniestro mensaje entre su pueblo. El veneno se extendió rápida
y eficazmente por todo akrraheim. Tan solo algunos pueblos aislados
y razas se libraron de su fatal efecto.